Artemis II: luz verde para el lanzamiento, pero con preguntas abiertas.
- Manuel Mazzanti

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El FRR dio el GO, pero la OIG puso en evidencia desafíos técnicos y de seguridad que van más allá de esta misión.
Manuel Mazzanti | Exploración Espacial | 17 de marzo de 2026
FRR (Flight Readiness Review): todas las áreas dieron el "GO"
El Flight Readiness Review, o Reunión de Alistamiento de Vuelo, es la última gran evaluación antes de un lanzamiento. Durante dos días, equipos de todas las disciplinas críticas de la misión se reúnen para determinar si hay o no condiciones para lanzar. En este caso, la conclusión fue inequívoca: Artemis II está lista para volar.

El panel de la conferencia estuvo integrado por Lori Grace (directora del programa Moon to Mars), John Honeycutt (director de gestión de la misión), John Queen (sistemas de exploración terrestre) y Norm (operaciones de vuelo). Notablemente ausente: Jaret Isaacman, que figuraba en la convocatoria oficial pero no participó de la conferencia sin explicación pública.
Entre los puntos clave comunicados: el rollout hacia la plataforma 39B —inicialmente previsto para el 20 de marzo— fue adelantado al 19, sujeto a condiciones meteorológicas. La fecha de lanzamiento sigue siendo el 1 de abril, con ventanas adicionales los días 2, 3, 4, 5 y 6, lo que permitiría hasta cuatro oportunidades de intento en esa primera semana.
Se confirmó también que no habrá un tercer wet dress rehearsal. La razón: la NASA prefiere evitar ciclos innecesarios de carga y vaciado de los tanques del núcleo del SLS, que acortan la vida útil del vehículo. La confianza del equipo es suficiente para ir directo al lanzamiento.
Previamente se habían reemplazado juntas defectuosas en el quick disconnect de la segunda etapa (ICPS), en las mangueras de oxígeno líquido, y las baterías del Flight Termination System. Un problema adicional en ese mismo sistema fue detectado y corregido antes del cierre del FRR.
La polémica del "uno en dos": riesgo y contexto
El momento más tenso de la conferencia lo generó una pregunta del periodista Bill Harwood de CBS sobre los niveles de riesgo de la misión. John Honeycutt respondió con transparencia inusual: estadísticamente, en un cohete nuevo con baja cadencia de vuelos, la probabilidad de éxito de misión se acerca históricamente al 1 en 2. La sala entró en ebullición.

Sin embargo, el contexto es fundamental. Honeycutt hacía referencia a la pérdida de misión (loss of mission), no a la pérdida de tripulación (loss of crew). Son conceptos muy distintos: el primero implica que algún objetivo de la misión no se cumple —un panel solar que no despliega, un thruster que falla— pero la tripulación regresa sana. El segundo, catastrófico, es el escenario de un Challenger o un Columbia.
Para dimensionar: la primera misión del Transbordador Espacial (STS-1) tenía un ratio de pérdida de misión de 1 en 9. El Apolo 11, con el módulo lunar incluido, rondaba el 50%. Una misión Crew Dragon a la ISS hoy tiene un ratio de 1 en 270. La propia OIG estima que las misiones Artemis se ubican entre 1 en 30 y 1 en 50, un número coherente para una misión de esta complejidad y novedad. La moderadora del panel cerró el debate: la declaración había sido malinterpretada.
El informe de la OIG: luces amarillas para el futuro
Dos días antes de la conferencia, el 10 de marzo, la Oficina del Inspector General de la NASA (OIG) publicó un informe de auditoría sobre la gestión del programa Human Landing System (HLS), los módulos lunares desarrollados por SpaceX y Blue Origin. El documento abrió una serie de preguntas que el panel no estaba del todo preparado o con predisposición para responder.
Entre los datos destacados, el informe reconoce que la NASA ha controlado razonablemente el gasto: los contratos con SpaceX y Blue Origin registran incrementos del 6% y 1% respectivamente sobre lo presupuestado. Desde 2019, la NASA ha desembolsado $6.900 millones de dólares, con una proyección de $18.300 millones hasta 2030.

Pero en lo técnico, el cuadro es más preocupante. El módulo lunar de SpaceX —una versión modificada del Starship— acumula más de dos años y medio de retraso. La OIG señala que la metodología "test as you fly" (probar como si fuera la misión real) no está siendo aplicada correctamente por ninguno de los dos proveedores en sus vuelos de demostración sin tripulación.
Otro punto crítico: no existe un plan de rescate para la tripulación en caso de emergencia en la superficie lunar. Si algo falla con el módulo de alunizaje, no hay "plan B". La OIG lo señala como una brecha de seguridad relevante.
El desacuerdo más significativo es sobre el control manual del Starship HLS. La NASA exige que los astronautas puedan tomar el control durante fases críticas como el descenso y el aterrizaje lunar —tal como ocurrió en prácticamente todas las misiones Apolo—. SpaceX prefiere un esquema totalmente automático, al estilo Dragon. El informe indica que este desacuerdo muestra una tendencia a empeorar, no a resolverse.
Cuando pregunté al panel sobre los riesgos tecnológicos criogénicos que la OIG menciona para Artemis 4, la respuesta fue directa: "Necesitamos leer el reporte antes de responder." Una señal de que este documento, publicado dos días antes, no había sido procesado en profundidad por todos los integrantes del panel. La oficina de comunicaciones de la NASA se comprometió a responder luego.
El Gateway: ¿Es mala Palabra?
Hubo otro tema llamativo en la conferencia: el Gateway, la estación espacial orbital lunar que formaba el corazón de la arquitectura Artemis original, ha casi desaparecido del vocabulario oficial. Cuando pregunté directamente, la respuesta de Lori Grace se limitó al corto plazo y al objetivo de alunizar en 2028.
La ESA, consultada por separado, también remite todas las preguntas sobre Artemis directamente a la NASA. Si el Gateway fue cancelado, rediseñado o simplemente postergado, la comunidad científica y los socios internacionales merecen una respuesta clara. La ambigüedad no ayuda.
Conclusión
Artemis II tiene el visto bueno. El cohete está listo, el equipo está confiado y las fechas de abril siguen en pie. Pero la conferencia dejó en claro que el camino hacia Artemis III, IV y el alunizaje real está sembrado de desafíos técnicos, contractuales y de seguridad que no se resolverán solos. El informe de la OIG es una lectura obligatoria para quien quiera entender el estado real del programa lunar de los Estados Unidos.
📄 Descargá el informe de la OIG traducido al español:






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